El Jaque se prepara para una posible cuarentena por el Covid-19, hemos pasado de la “Crisis” al “Coronavirus” como por arte de magia y lo peor es que nadie tiene una explicación veraz de como vino una y como ha llegado el otro, ya no me extrañaría que lo próximo en venir fuese una reconquista musulmana de Al Ándalus y los nazaríes nos tengamos que poner en pompa rezando hacia La Meca con el consiguiente peligro de ser sodomizados por cualquier mahometano escondido tras un turbante rosa.
Toni el camarero, andaba inmerso en labores de almacenamiento, había que tenerlo todo preparado para una posible emergencia cuando me miró de reojo...
Acababa de tocar la barra capitoné del Jaque, Tim un lúgubre profesor de la Universidad de Granada, un tipejo escuálido y nauseabundo con el pelo tintado a lo Bigote Arrocet que se dedicaba a enseñar a sus alumnos las diversas técnicas de embalsamamiento , un malnacido que andaba en el punto de mira de la Policía Judicial que acariciaba pero no conseguía nunca recabar pruebas de que era un asesino en sus ratos libres, la muerte era la pasión de su vida.
Pidió un Everclear 190, un alcohol rectificado y prohibido en todos los Estados Unidos que se puede utilizar para encender el fuego o como antiséptico, “Everclear” la banda de Rock estadounidense tomo su nombre de este licor, y su fundador Art Alexakis decía de él, que era “el mal blanco puro”, pero Tim estaba curtido, cuentan sus alumnos que lo vieron en numerosas ocasiones darle tragos al frasco de Formaldehído un compuesto químico altamente volátil e inflamable que se utiliza para la conservación de los cadáveres.
“Psycho Killer” desgarraba la atmósfera del Jaque, un tema de Talking Heards que retrata los pensamientos de un asesino en serie...
No había pegado el primer trago de mi Four Roses cuando entró Dori, se dirigía hacia mi pero cambió de opinión, me tiró un guiño y un beso y se quedó a medio camino de la barra, a la altura de Tim, aquél cambio de opinión marcaría el fatal destino de su vida esa madrugada...
Dori era una prostituta muy querida y admirada en el barrio por su gran corazón y no menos carácter, ejercía la profesión por voluntad propia, empezó de puta en los mejores burdeles, la recuerdo de mis visitas al Cachel y al Anthoni en la calle Manuel de Falla o más recientemente en la Sala Geisha, decía, que lo hacía por divertirse, por probarse y por dinero ¿porqué no?, hasta que se dio cuenta que había clientes que la llevaban a placenteros orgasmos y entonces fue cuando decidió no dejarlo jamás.
Tim sorprendiendo a propios y extraños se tomó la copa y se marchó solo, pero dejó instrucciones a Dora, no debería abandonar el Jaque antes de que pasara una hora de irse él, no quería manchar su reputación académica decía, la recogería a la vuelta de la esquina en su Austin Victoria Deluxe y a cambio de su discreción, le pagaría generosamente por sus servicios como ya había demostrado en innumerables ocasiones.
Dori recuperó su primera intención al entrar al Jaque y se me acercó mientras hacía tiempo para su cita con Tim, me besó la comisura de los labios con la puntita de su sonrosada lengua, por lo que me vi obligado sin compromiso alguno, a invitarla a una copa.
Siempre se ha dicho que una mirada vale más que mil palabras, y las miradas de Dori son órdenes para Toni el camarero, que acudió presto a servirle un “Filtrini” la bebida preferida de Dora, un cóctel coqueto, romántico y picarón, el Filtrini era como beber las perlas de sudor de su frente mientras te hacía el amor.
Encendió un More Filters Box extra largo, la calada le llegó a las suela de sus zapatos plateados de tacón Stiletto y a mi, a la tapadera de los sentidos cuando me echó el humo a la cara, después me dijo:
-Solo...
-En el mundo de las putas, por desgracia, todo es lo que parece, pero no me tengas compasión, me acuesto con los tíos porque son mi locura, no lo cambio por ser una cajera del Dani o una peluquera de “BS Estilistas”, gano cuatro veces más que ellas, trabajo la mitad y tengo más horas libres para estar en casa con mis hijos.
-Pero vender tu cuerpo...le dije
-No lo vendo, lo alquilo para la ocasión Solo, follarme cuatro o cinco tíos al día ya no es sexo, míralo como un deporte.
Tim recogió a Dori a la hora y en el lugar acordado, enfiló con su Austin hacia el Parque Periurbano de la ciudad un lugar del Llano de la Perdiz frecuentado por parejas para hacer el amor a hurtadillas amparados por la oscuridad de la noche, el profesor asesino era conocedor de la severa alergia de Dora a las picaduras de insectos, en su bolso “Satchel” de piel marrón nunca faltaban los preservativos, la barra de pintalabios “Fucsia mate I Speak Up” de Rouge Signature, el paquete de More Filters Box y el inyectable de Urbason, apartó de su alcance el bolso y de la guantera del salpicadero sacó en un descuido en la oscuridad un pequeño frasco que contenía un enjuague al 90% de Apitoxina, una secreción venenosa que proviene de varias glándulas ubicadas junto a la base del aguijón de las abejas, se echó un trago a la boca antes de besarla traspasándole el fluido vía oral que en cuestión de segundos le provocó un shock anafiláctico que, ante la imposibilidad de alcanzar el bolso con el inyectable, le produjo la muerte inmediata.
Encontraron el cadáver con las primeras luces del día sin signos de violencia entre unos contenedores de basura y reciclado de la Carretera de la Sierra junto al Asador Curro, el bolso “Satchel” de piel color marrón de Dori estaba intacto con todas sus pertenencias dentro, salvo el inyectable de Urbasón...
La autopsia confirmó la muerte, una anafiláxia por Apitoxina y la hora estimada del óbito, concluyó el examen, se estableció entre las cuatro y las seis de la madrugada anterior, el inspector Donovan de la brigada de homicidios confirmó ante expertos apicultores lo que ya sabía, las abejas no actúan durante la noche, era otro caso más de asesinato...
Toni el camarero, tuvo esa noche al cierre un presentimiento que le recorrió el cuerpo como una descarga eléctrica, “Jenny was a friend of mine” un tema de The Killers en el que canta sobre la perspectiva de un tipo acusado del crimen de una mujer, echó la persiana esa madrugada en el Jaque.
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